¿Qué factores del ambiente irritan la piel? - Medicina y Belleza
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¿Qué factores del ambiente irritan la piel?

La piel es el órgano más amplio que tenemos en nuestro cuerpo. Es capaz de dar cuenta con facilidad de nuestro estado de salud, de los cuidamos que abarcamos, de las enfermedades que podemos llegar a tener, como así también, de las condiciones de los ambientes por los que transitamos.

En este sentido, son muchos los factores que pueden afectar directamente a la piel. En esta ocasión hablaremos acerca de los factores exteriores.

Endógenos y exógenos

En primera instancia, debemos comprender en qué consisten los dos grandes grupos de factores que pueden ser nocivos para nuestra piel. Por eso, debemos hablar de factores endógenos y exógenos.

Los factores endógenos son todos aquellos que provienen del propio organismo, de la propia formación física de la persona. En este aspecto, un factor endógeno frecuente en lo que respecta a la piel es la predisposición genética. Si venimos de una familia en la que hay muchos problemas de piel, es probable que nosotros también los tengamos. Esto es así porque existe una predisposición en nuestro cuerpo a ello.

Otro factor endógeno es el hormonal. El sistema hormonal regula prácticamente todo en el funcionamiento del cuerpo y la expresión estética de lo mismo. En general, especialmente en el caso de las mujeres, cuando hay un desequilibrio hormonal, ello tiende a manifestarse en primera instancia en la piel. Esto puede ser, por ejemplo, a través de sarpullidos, acné, crecimiento de vello, caída del cabello, entre otros.

Por su parte, los factores exógenos son exactamente lo contrario. Son todos aquellos elementos que se encuentran por fuera del organismo mismo de las personas y que afectan a su salud y a su piel. Se trata en particular de cosas que las personas en general no pueden controlar, que no dependen de sí y que pueden generar igualmente importantes efectos negativos en la salud.

Hablaremos, a continuación, acerca de los distintos elementos exógenos que tienden a ser nocivos y peligrosos para la salud de la piel.

La temperatura

Por costumbre, nuestra piel está preparada para aguantar las diferentes temperaturas a lo largo del año. Sin embargo, hay cuestiones relacionadas a la temperatura del ambiente que pueden ser sumamente nocivas. Las fluctuaciones rápidas de temperatura constituyen una de ellas. Como así también las temperaturas extremas.

Cuando las temperaturas son demasiado cálidas y con un clima extremadamente húmedo, tendemos a transpirar mucho más. Esto no sólo es riesgoso debido a que perdemos grandes cantidades de agua, sino que también incide en la forma en que se ve y percibimos la piel. En este sentido, la piel brillosa es consecuencia directa de la humedad.

Por el contrario, el clima con temperatura seca y extremadamente fría provoca que los vasos sanguíneos se contraigan y que la piel se reseque. Esto puede generar cortes en la piel, llegando incluso a lastimaduras si ésta pierde completamente la elasticidad que necesita.

Otras afecciones de la piel que tienden a estar asociadas a las temperaturas son, por ejemplo, la rosácea o el enrojecimiento. En el caso de la rosácea, se trata de algo crónico, que tiende a mantenerse durante toda la vida, pero se puede controlar con las cremas adecuadas. En general, aparecen sus síntomas fundamentalmente cuando hay choques de calor muy fuertes. Esto es, cuando se ingresa a un ambiente climatizado luego de haber estado en espacios con frío o viceversa.

La radiación

Un problema frecuente en la piel relacionado con factores exógenos tiene que ver con los radicales libres. Estos son altamente nocivos para la misma, ya que aceleran el proceso oxidativo de los tejidos.

En lo que respecta a las enfermedades y los problemas de la piel, la presencia de radicales libres tiende a estar especialmente asociada a la radiación UV. Esto es, a la radiación por exposición al Sol.

La piel cuenta con propios mecanismos protectores que pueden evitar el ataque de los radicales libres. Sin embargo, en el caso de la radiación, esa protección sólo es suficiente si la exposición es leve y por cortos períodos de tiempo. Cuando la exposición al Sol es prolongada y no se cuenta con los elementos adecuados (sombrero, gorro, protector solar, lentes de Sol), somos proclives al ataque de los radicales libres. Si bien es cierto que ello puede derivar en manifestaciones preponderantemente estéticas, también puede acabar ocasionando enfermedades de gravedad. Distintas enfermedades de la piel, tales como el cáncer de piel, pueden aparecer por la exposición prolongada y sin protección a los rayos UV del Sol.

La medicación

Si se tiene algún problema persistente en la piel, es importante comunicarlo al médico antes de que éste recete una medicación. Una medicación recetada sin conocimiento de la piel sensible o con un determinado problema puede ser contraproducente y afectar negativamente su calidad y su estado de salud.

La alimentación

Si bien lo que comemos acciona en el interior del organismo, la dieta es considerada como un factor exógeno que afecta a la piel considerablemente. Por ejemplo, si llevamos una dieta rica en comidas fritas y grasas saturadas, seremos más proclives a desarrollar acné y otras manifestaciones de la piel grasa. A su vez, si nuestra ingesta de agua es limitada, probablemente tengamos tendencia a una piel más seca con riesgo de roturas y cortaduras.

La contaminación

Las personas que viven en las grandes ciudades son proclives a tener problemas de piel que las demás no. Esto se debe a todos los factores contaminantes que afectan la salud y la calidad de la piel. Uno de ellos es el humo. El humo no es algo que encontramos solamente en las parrillas. Está presente en los escapes de los autos, de los transportes públicos, como así también en las construcciones.

Otro factor de la contaminación que tiende a ser malo para la piel es la luz artificial. Hay un error frecuente que es el de no ponerse protector solar cuando se va a estar durante largas horas del día en una oficina en un espacio cerrado. Sin embargo, la exposición prolongada a la luz artificial puede ser igualmente nociva que la exposición directa al Sol. Por eso, es muy importante contar con la protección adecuada para que las luces de las oficinas y otros lugares no puedan hacer mal.

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